viernes, 12 de agosto de 2016

Adiós al chupete

Muchas me habéis preguntado por público y por privado en facebook cómo lo hemos hecho para quitar el chupete a Alejandra, algo que parece fácil, pero que no es tan sencillo en algunos niños.
Y bien, realmente no hemos hecho nada. Ha sido muy fácil y ha venido todo rodado en Alejandra. La semana pasada le coincidió un virus con fiebre con el último empujón de las muelas del año de la parte de arriba y con los 4 colmillos que están a punto de caramelo, aunque  aún no han salido, además tampoco descarto que tuviese alguna llaguita como las que después salieron al hermano de forma bestial. La boca le dolía tanto que ni el chupete quería, el viernes me di cuenta que no quería el chupe, se lo daba y lo rechazaba, el sábado igual, se lo daba y lo rechazaba una y otra vez, el viernes se durmió sin chupe, tanto siesta como noche, así que se me encendió la bombilla y decidimos quitar los chupes de en medio, ni siquiera los mencionamos delante de ella, como si nunca hubieran existido. Me he aprovechado de ese rechazo, que sé que era momentáneo por lo que le dolía la boquita, para quitarle el chupete, sólo eso, no hay más. Sólo puedo decir que una semana después esto está superado, creo que no se acuerda y hemos dicho definitivamente adiós a los chupetes. Así de fácil.
Aunque me apena ver como mi bebé crece demasiado rápido y va cerrando etapas, porque realmente no pensaba quitar los chupetes tan pronto, pensaba esperar a la próxima primavera con dos años y medio para quitárselo, pero por otro lado ahora me alegro, primero porque llegados a una edad los chupetes van modificando la forma de los dientes y no para bien; segundo porque siempre andaban tirados por el suelo o perdidos, a veces estaban perdidos hasta los chupes de emergencia, y cada noche teníamos que hacer una batida por casa en busca de los chupetes perdidos, que por otro lado estaban en los lugares más recónditos; y tercero, me alegro que sea ahora que aún no tiene los dos años, porque cuanto más grande es el niño más dependencia del chupe tiene y más complicado se hace quitárselo.
Con Salva fue distinto, se lo quité con 2 años y 8 meses, tenía auténtica perrera por su chupete que tenía además que ser de silicona de una marca y un modelo concretos, no quería otros. Cada vez que algún diente o muela le salía sentía alivio mordiendo la tetina hasta que la rompía, cuando lo rompía ya no lo quería porque la silicona rota le raspaba en la lengua, así que me pedía el de repuesto que sabía además dónde los guardaba. Y sí, yo madre precavida casi siempre tenía chupetes de repuesto, los cuales compraba en ECI en packs de dos. Peeeero un día lo rompió demasiado rápido y coincidió que no me quedaban de repuesto, el padre dijo que esa era el último chupete y que íbamos a aprovechar para quitárselo, aunque yo hubiera salido a comprarle otro en cerocoma, se lo dijimos, ya tenía una edad en la que más o menos podías razonar con él, le dijimos que ya no había más chupes y que no lo hubiera roto si tanto quería el chupete, se lo dejamos sobre la mesa, cuando le entraban ganas de chupe iba al bidé y lo enjuagaba allí pensando inocentemente que lo roto se quitaría con el agua, se lo llevaba a la boca, veía que no y lo volvía a soltar en la mesa, así durante tres días, al tercer día ya ni miraba el chupete, se lo guardé y al día de hoy. Sin llantos, sin traumas e intentando que él comprendiese que como había roto el chupe pues se quedaba sin él, que no lo hubiera hecho sin tanto quería a su chupe. La única vez desde ese día que se acordó de su chupe fue dos meses después que estuvo un par de días ingresado por una gastroenteritis, cuando lo subieron a la habitación después de ponerle la vía me pidió su tete, evidentemente me hice la loca, aunque el alma se me partió, y ya está, nunca más lo volvió a mencionar ni nada por el estilo.
Si me permitís un consejo, esto de la retirada del chupe es como la retirada del pañal, primero nos tenemos que mentalizar los padres, y una vez que hayamos tomado la decisión de quitárselo que no haya vuelta atrás, porque si titubeamos o cedemos estamos perdidos y cuesta más trabajo. Y evidentemente lo que funciona en un niño en otro no, y lo que está claro es que cualquier decisión que tomemos los padres respecto a la crianza de nuestros hijos siempre será la correcta porque nadie mejor que unos padres conocen a sus hijos, saben cómo actúan y lo que mejor les conviene. Podríamos decir que cada maestrillo tiene su librillo.
Como veis en esta casa no ha hecho falta dar los chupes a los reyes magos, ni a un perro, ni untarlos de nada, ni llevarlos al árbol de los chupetes que está en un parque de Torremolinos. Simplemente nos hemos aprovechado de dos situaciones propiciadas por los propios niños, en el caso de Alejandra por ese rechazo momentáneo debido al dolor de boca y en el caso de Salva haciéndole ver y que comprendiese que se quedaba sin chupe porque él lo había roto y que no lo hubiera roto si tanto lo quería. En nuestro caso, en ambos ha sido relativamente fácil, lo sé, y que no siempre es así, también lo sé, pero es nuestra experiencia y así os la cuento.
Ainsssss estas fotos con sus chupes ya no las veremos, buaaaaaaaaaaaa:
 
Besos. Inma