miércoles, 23 de marzo de 2016

Una de fechorrías

La doñita tiene tela, a inteligente y graciosa no hay quien le gane, pero a mala y pegona tampoco. Además de no parar, de subirse en todo, abrirlo todo, tocarlo todo, revolverlo todo, tirarse de todo, mosquearse por todo y romperlo todo, además de todo eso, raro el día que no nos salga con una o varias fechorías dignas de ser recordadas. 
Ya va repitiendo muchas palabras de las que le decimos, con lo cual nos da momentos memorables de la risa porque con 17 meses os podéis hacer una idea qué le sale. Es digna de ver cuando pone esa cara y hace esa gesticulación para decir muy sorprendida ella "¿qué ha pasado?" con un "apaaaoooo???". El chupete es "pou", ni tete, ni titi, ni toto, es pou. Agua es "guagua" y a dormir es " amí ". Después también tiene una forma muy cómica de darte besos y cuando le decimos que haga o diga algo ella suelta el repertorio entero de lo que sabe hacer, digo yo que será para que la dejemos tranquila pronto y seguir con sus cosas, digo fechorías.
Es de obsesiones, es decir, cuando algo le prohibimos ella una y otra vez lo intenta, no se cansa, como por ejemplo con el cubo de la fregona, unos de sus adorados objetos de deseo. Ya no le basta con meter las manos en el cubo y mojarse los pelos, nooooooo, ya nooooooo, ha dado un pasito más y ahora una de sus diversiones es, cuando ve que tiene a tiro el cubo de la fregona, meter el chupete y corriendo llevárselo a la boca a la vez que sale pitando de la escena del crimen. Os podéis imaginar lo que me entra por el cuerpo porque yo friego con un chorrito de amoniaco y además ese agua está sucia de fregar. Pues por ahí le ha dado a la doñita ahora siempre que puede llegar al cubo. Y ahí me tenéis a mí también probando el agua no sea que sepa mucho a amoniaco. En mi defensa diré que no sabe a nada y que de momento nuestra flora intestinal está respondiendo bien.
En fin, que es mala remala, el otro día además nos brindó una escena de lo más graciosa, estuvimos en casa del padrino de Salva y nos puso el Rumba (la máquina esa que te va limpiando el suelo ella solita) para que viésemos cómo funcionada, pues bien, ella al principio estaba muy seria observando el cacharro dar vueltas, más bien diría que recelosa muy sentadita en el sofá, cuando nos enseñó lo que hacía la apagó y la llevó a su sitio para que siguiese cargando, pues bien, ella más veloz que un rayo se levantó, la puso en marcha perfectamente y más veloz aún salió corriendo cogiendo rectas las curvas. Era digna de ver. Estudió la situación minuciosamente y estaba preparada de antemano para correr. Entremedias se dedicó a comerse las hojas de un poto y a llevarse a la boca un botón que no sabemos de dónde salió, pequeñito eso sí, pero un botón, menos mal que se lo pudimos confiscar. Ainssssss omá qué sudores fríos me entran con ella a veces.
Y el domingo le estaba cambiando el pañal, de pronto veo en mitad de la plasta de kakita un trozo verde muy cantoso, de entrada pensé que era un trozo de papel o cartón verde que se había comido, pero noooooooo, lo miré mejor y era corcho verde, es decir,  un trozo de churro piscinero con el que había hecho las espadas láser del cumple del hermano y que os enseñé en la entrada anterior, se ve que pilló alguno por banda y le pegó un mordisco.
Es la chulería elevada a la máxima potencia:
No le puedo hacer una foto en condiciones, me desmoralizo cuando veo esos blogs de guiris tan estupendísimos con sus hijos de edades similares a la de Alejandra, posando taaaan felices todos, haciendo pasteles de forma taaaan ordenada, plántandose en la otra punta del mundo tras 18 horas de avión como si nada, todos tan happies de la vida, esos niños quietitos ante la cámara con pose y sonrisa de oreja a oreja, y luego pienso yo en mi escena con la niña loca perdida de aquí para allá, que tiras 40 fotos y no se salva ni una y me desmoralizo. Aunque de vez en cuando sale alguna que otra foto que ufffffff, el alma se me inflama de gozo, de amor, de orgullo, de alegría, de felicidad, de todo, pero claro, hay que pillarlos dormidos:

Besos. Inma